50 años de desaparición forzada en México | Guadalupe Pérez Rodríguez

50 años de desaparición forzada en México | Guadalupe Pérez Rodríguez

Si bien, la noticia de que en México se cometen desapariciones forzadas tuvo mayor relevancia hasta 2014, tras la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, la práctica de este crimen se remonta no sólo al periodo de reforzamiento de la militarización de la seguridad pública en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, sino a los tiempos del autoritarismo priísta en la década de 1960.

El Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, la primera organización de familiares que en el país sumaron sus esfuerzos individuales para una lucha colectiva y de mayor aliento, ha documentado una de las primeras desapariciones forzadas el 19 de mayo de 1969, con la detención de Epifanio Avilés Rojas, en Coyuca de Catalán, estado de Guerrero, que luego de ser perseguido durante un mes, fue capturado por militares al mando del mayor Antonio López Rivera, y entregado un día después al general Miguel Bracamontes, en Ciudad Altamirano en ese mismo estado del país. De acuerdo con los testimonios recuperados, este militar ordenó que fuera subido a una avioneta y trasladado al Campo Militar Número Uno de la Ciudad de México, utilizado desde tiempo atrás como prisión para civiles, convirtiéndose así, en la mayor cárcel clandestina del país, por la que de acuerdo a documentos oficiales y testimonios de sobrevivientes, a ese mismo lugar fueron llevados cientos de personas más, que al igual que Epifanio continúan desaparecidas hasta el día de hoy.

En ese sentido, estas líneas pretenden llamar la atención sobre una política de represión que el Estado mexicano ha instaurado desde hace por lo menos 50 años y que quienes las lean, conozcan algunos detalles de las vidas de las personas a quienes desde el poder se les quiso borrar desapareciéndoles, pero que pese al tiempo, la incertidumbre, la impunidad, la simulación y la crueldad permanentes, continúan presentes desde la memoria y el afecto, con la esperanza de que más temprano que tarde sean regresados al hogar que los añora todos los días, todo el tiempo.

Nos corresponde como sociedad evitar que el círculo de la desaparición forzada se cierre, apostando a la memoria, la verdad y la justicia como exigencias permanentes hasta lograr que no haya corazones tristes en ninguna parte del mundo. La apuesta es grande pero necesaria, son tantas las personas que faltan en este mundo que nuestra respuesta tendría que ser mayor, con toda la imaginación y el corazón hasta recuperar todos los soles y abrazos que nos han quitado, esa es la invitación que espera hacer eco en sus corazones.

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